Salmos 106:13-33
Pero muy pronto olvidaron sus acciones y no esperaron a conocer sus planes.En el desierto cedieron a sus propios deseos; en los páramos pusieron a prueba a Dios.Y él les dio lo que pidieron, pero les envió una enfermedad devastadora.
En el campamento tuvieron envidia de Moisés y de Aarón, el que estaba consagrado al Señor.Se abrió la tierra y se tragó a Datán; sepultó a los seguidores de Abirán.Un fuego devoró a ese grupo; las llamas consumieron a los malvados.En Horeb hicieron un becerro; se postraron ante un ídolo de fundición.Cambiaron a quien era su gloria por la imagen de un toro que come hierba.Se olvidaron del Dios que los salvó y que había hecho grandes cosas en Egipto:milagros en la tierra de Cam y maravillas asombrosas junto al mar Rojo.Dios amenazó con destruirlos, pero no lo hizo por Moisés, su escogido,quien se puso ante él en la brecha e impidió que su ira los destruyera.
Despreciaron una tierra apetecible; no creyeron en la promesa de Dios.Murmuraron en sus tiendas de campaña y no obedecieron al Señor.Por tanto, él juró solemnemente con su mano en alto contra ellos para hacerlos caer en el desierto,para hacer caer a sus descendientes entre las naciones y dispersarlos entre los países.
Se sometieron al yugo de Baal Peor y comieron sacrificios a los muertos.Provocaron la ira del Señor con sus malvadas acciones y les sobrevino una plaga.Pero Finés se levantó e intervino, y la plaga se detuvo.Esto se le acreditó como un acto de justicia para siempre, por todas las generaciones.Junto a las aguas de Meribá hicieron enojar al Señor. Y a Moisés le fue mal por culpa de ellos,porque se rebelaron contra el Espíritu de Dios y Moisés habló sin pensar lo que decía.
Estimado lector:
En Salmos 106:13-33, el salmista relata cómo el pueblo de Dios olvidó rápidamente Sus obras, cedió a sus propios deseos en el desierto y puso a prueba al Señor. Tuvieron envidia de Moisés, fabricaron un becerro de oro y cambiaron la Gloria de Dios por la imagen de un buey.
El tema central es la Soberanía de Dios sobre todo lo que tenemos y somos. El mundo se mueve bajo Su gobierno, y si creemos que Él dirige todas las cosas, debemos reconocer que también dirige nuestra vida. Su Voluntad, Su Providencia y Su permiso estuvieron en cada instante de nuestra historia.
Para Israel, olvidar las obras de Dios los llevó a la idolatría y la murmuración; para el cristiano de hoy, el olvido produce la misma rebeldía: buscamos sustitutos cuando perdemos de vista lo que Dios ya ha hecho. Todo creyente debe resistir la tentación de ceder a sus propios deseos cuando la Fe es probada, recordando que Dios es Soberano sobre cada circunstancia.
El beneficio de reconocer la Soberanía de Dios es una Fe que no se tambalea ante la espera ni ante la prueba. En momentos de impaciencia, conviene detenerse y recordar las obras pasadas de Dios, para no repetir el error de Israel que olvidó y se rebeló.
