SALMOS 119:153-160 Resh = Cabeza
Estimado lector:
El salmista clama por liberación, recordando que no ha olvidado las leyes divinas. La Palabra de Dios, cuando permanece en la mente y el corazón, otorga libertad al fortalecer la confianza en sus seguras promesas.
También ruega a Dios que defienda su causa y le brinde protección. Qué esperanza saber que, además de Salvador, Dios es el abogado fiel (1 Juan 2:1-2). No es necesario tomar la justicia en las propias manos, sino esperar con confianza en aquel que es el verdadero Redentor.
En tiempos de angustia, el salmista elige no enfocarse en sus aflicciones, sino en la grandeza de la misericordia divina. Contar las bendiciones y recordar la fidelidad de Dios transforma la perspectiva sobre las dificultades, revelándolas como parte de su cuidado amoroso y del proceso de fortalecimiento del carácter.
A pesar de la persecución, no hay temor, porque Dios es mayor que cualquier adversidad. Esta confianza nace de permanecer en los testimonios divinos y de reconocer a Dios por encima de todas las cosas. Que esta oración resuene en cada corazón:
“Mira cuánto amo tus preceptos; devuélveme la vida, Señor, conforme a tu misericordia.”
Dedicar tiempo a la comunión con Dios fortalece el espíritu y trasciende influencias emocionales o culturales. Su Palabra es eterna, inmutable y suficiente. No necesita modernización ni corrección, pues más que un conjunto de verdades es el camino para conocer a Dios y experimentar su amor transformador.