INCIENSO DE LA GRACIA

May 5, 2026

Rut 2:17-23

Así que Rut recogió espigas en el campo hasta el atardecer. Luego desgranó la cebada que había recogido, la cual pesó casi un efa. La cargó de vuelta al pueblo y su suegra vio cuánto traía. Además, Rut entregó a su suegra lo que le había quedado después de haber comido hasta quedar satisfecha.

Su suegra preguntó:

—¿Dónde recogiste espigas hoy? ¿Dónde trabajaste? ¡Bendito sea el hombre que se fijó en ti!

Entonces Rut contó a su suegra acerca del hombre con quien había estado trabajando. Le dijo:

—El hombre con quien hoy trabajé se llama Booz.

—¡Que el Señor lo bendiga! —exclamó Noemí delante de su nuera—. El Señor no ha dejado de mostrar su fiel amor hacia los vivos y los muertos. Ese hombre es nuestro pariente cercano; es uno de los parientes que nos pueden redimir.

Rut, la moabita, añadió:

—Incluso me dijo que me quedara allí junto a sus criados hasta que terminaran de recogerle toda la cosecha.

—Hija mía, te conviene seguir con sus criadas —dijo Noemí—, para que no se aprovechen de ti en otro campo.

Así que Rut se quedó junto a las criadas de Booz para recoger espigas hasta que terminó la cosecha de la cebada y del trigo. Mientras tanto, vivía con su suegra.

Estimado lector:

Después de un largo día espigando, Rut regresa a Noemí con una cantidad abundante de cebada y le comparte lo que le había sobrado de la comida. Al saber que fue en el campo de Booz, Noemí bendice al Señor reconociendo Su Fidelidad: “Ese hombre es nuestro pariente cercano” (Rut 2:20).

El tema principal es la Fidelidad de Dios que se revela en cada detalle de la vida del creyente. Lo que parecía una coincidencia —que Rut terminara en el campo de Booz— era la mano soberana de Dios orquestando la Redención.

Para Noemí, la provisión a través de Booz era un aroma de Esperanza después de años de amargura; para el cristiano de hoy, cada provisión inesperada es un incienso de la Gracia divina que nos recuerda que Dios no nos ha olvidado.

Todo creyente debe aprender a reconocer la mano de Dios en los detalles cotidianos. Lo que el mundo llama “suerte” o “casualidad”, el hijo de Dios lo reconoce como Providencia divina.

El fruto de confiar en la Fidelidad de Dios es una Paz profunda que permite descansar en Su Soberanía, aun cuando no comprendemos el panorama completo.

En tiempos de espera, conviene dar gracias por cada pequeña provisión, sabiendo que es evidencia del cuidado constante y la Gracia inagotable del Señor.