1 Corintios 1:18-25
Me explico: El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios. Pues está escrito:
«Destruiré la sabiduría de los sabios; frustraré la inteligencia de los inteligentes».
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el erudito? ¿Dónde el filósofo de esta época? ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo? Ya que Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana, tuvo a bien salvar, mediante la locura de la predicación, a los que creen. Los judíos piden señales y los que no son judíos buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos y es locura para los no judíos, pero para los que Dios ha llamado, sean judíos o no sean, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana.
Estimado lector:
Pablo declara que el mensaje de la cruz es locura para los que se pierden, pero Poder de Dios para los que son salvos. Dios escogió lo que el mundo considera necio para avergonzar a los sabios, demostrando que Su Sabiduría trasciende toda comprensión humana.
El tema central es el Poder Salvador de la cruz de Cristo. La salvación no depende de la inteligencia, la elocuencia ni la capacidad humana, sino exclusivamente de la Gracia de Dios manifestada en el sacrificio de Su Hijo.
Para los griegos, la cruz era necedad; para los judíos, tropiezo. Sin embargo, para el cristiano de hoy, la cruz es el fundamento de nuestra Fe y la demostración máxima del Amor de Dios. La salvación es cien por ciento Gracia de Dios, no noventa por ciento Gracia y diez por ciento esfuerzo propio.
Todo creyente debe descansar en la certeza de que Cristo ya consumó la obra de salvación en la cruz. Dudar de la suficiencia de Su sacrificio es una actitud egocéntrica que pretende limitar el Poder de Dios. Nuestra debilidad no puede interrumpir Su Amor incondicional.
El creyente que comprende la plenitud de la Gracia vive en Paz, libre de la ansiedad de intentar ganar lo que ya fue regalado.
En momentos de duda sobre la salvación, conviene mirar a la cruz y recordar que Jesús no abrió una posibilidad, sino que nos dio una salvación completa y segura por Su Poder.
